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salud  Experimento de Milgram 


A través de un cartel puesto en una parada del autobús en Florida (Connecticut) se demandaban voluntarios para participar en un ensayo relativo al "estudio de la memoria y el aprendizaje" en Yale, con lo que se les pagaba 4 dólares americanos (equivalente a veintiocho dólares americanos actuales) más dietas. A los voluntarios que se presentaron se les escondió que realmente iban a participar en una investigación sobre la obediencia a la autoridad. Los participantes eran personas de entre veinte y cincuenta años de edad de todo género de educación: desde los que terminaban de salir de la escuela secundaria a participantes con doctorados.


El experimento requiere 3 personas: El experimentador (el estudioso de la universidad), el "profesor" (el voluntario que leyó el anuncio en el jornal) y el "pupilo" (un cómplice del experimentador que se hace pasar por partícipe en el experimento). El experimentador le explica al partícipe que debe hacer de profesor, y debe castigar con descargas eléctricas al pupilo toda vez que falle una pregunta.


A continuación, cada uno de ellos de los 2 participantes elige un papel de una caja que determinará su rol en el experimento. El cómplice toma su papel y afirma haber sido designado como "pupilo". El partícipe voluntario toma el suyo y ve que afirma "profesor". Realmente en los dos papeles ponía "profesor" y de esta forma se logra que el voluntario con quien se marcha a probar reciba por fuerza el papel de "profesor".


Separado por un módulo de vidrio del "profesor", el "pupilo" se sienta en una suerte de silla eléctrica y se le anuda para "impedir un movimiento excesivo". Se le ponen unos electrodos en su cuerpo con crema "para eludir quemaduras" y se apunta que las descargas pueden ser exageradamente dolorosas mas que no provocarán daños irreversibles. Todo esto lo observa el partícipe.


A los participantes se les comunicaba que el "experimento era grabado", a fin de que supiesen que no podrían negar a posteriori lo ocurrido.


Se empieza dando tanto al "profesor" como al "pupilo" una descarga real de cuarenta y cinco voltios con el objetivo de que el "profesor" verifique el dolor del castigo y la sensación desapacible que va a recibir su "pupilo". Seguidamente el estudioso, sentado en exactamente el mismo módulo en el que se halla el "profesor", da al "profesor" una lista con pares de palabras que tiene que educar al "pupilo". El "profesor" empieza leyendo la lista a este y tras concluir le va a leer solamente la primera mitad de los pares de palabras dando al "pupilo" 4 posibles contestaciones para cada una de ellas. Este señalará cuál de estas palabras corresponde con su par leída presionando un botón (del 1 al cuatro en función de cuál piensa que es la adecuada). Si la contestación es errada, el "pupilo" va a recibir del "profesor" una primera descarga de quince voltios que va a ir incrementando en intensidad hasta los treinta niveles de descarga existentes, esto es, cuatrocientos cincuenta voltios. Si es adecuada, se va a pasar a la palabra siguiente.


El "profesor" piensa que da descargas al "pupilo" cuando realmente todo es una simulación. El "pupilo" ha sido anteriormente instruido por el estudioso a fin de que vaya simulando los efectos de las consecutivas descargas. De esta manera, conforme el nivel de descarga aumenta, el "pupilo" empieza a pegar en el vidrio que lo aparta del "profesor" y se protesta de su condición de enfermo del corazón, entonces ululará de dolor, solicitará el fin del experimento, y por último, al alcanzarse los doscientos setenta voltios, chillará de agonía. Lo que el partícipe escucha es realmente una grabación de gemidos y chillidos de dolor. Si el nivel de supuesto dolor alcanza los trescientos voltios, el "pupilo" va a dejar de contestar a las preguntas y se generarán estertores anteriores al coma.


Por lo general, cuando los "maestros" alcanzaban los setenta y cinco voltios, se ponían inquietos frente a las protestas de dolor de sus "pupilos" y deseaban parar el experimento, mas la férrea autoridad del estudioso les hacía proseguir. Al llegar a los ciento treinta y cinco voltios, muchos de los "maestros" se detenían y se preguntaban el propósito del experimento. Cierto número seguía asegurando que no se hacían responsables de las posibles consecuencias. Ciertos participantes aun empezaban a reír inquietos al escuchar los chillidos de dolor procedentes de su "pupilo".


Si el "profesor" expresaba al estudioso su deseo de no seguir, este le señalaba imperativamente y conforme el grado:



  • Continúe, por favor.
  • El experimento requiere que siga.
  • Es completamente esencial que siga.
  • Usted no tiene opción alguna. Debe proseguir.

Si tras esta última oración el "profesor" se negaba a seguir, se paraba el experimento. Si no, se detenía una vez que hubiese administrado el máximo de cuatrocientos cincuenta voltios 3 veces seguidas.


En el experimento original, el sesenta y cinco por ciento de los participantes (veintiseis de cuarenta) aplicaron la descarga de cuatrocientos cincuenta voltios, si bien muchos se sentían incómodos al hacerlo. Todos y cada uno de los "maestros" pararon en determinado punto y cuestionaron el experimento, ciertos aun afirmaron que devolverían el dinero que les habían pagado. Ningún partícipe se negó tajantemente a aplicar más descargas ya antes de lograr los trescientos voltios.


El estudio siguiente de los resultados y el análisis de los múltiples tests efectuados a los participantes probaron que los "maestros" con un contexto social más similar al de su "pupilo" paraban el experimento ya antes.


Además de este proyecto, Milgram efectuó otro en el que se empleaban ratones de experimentación. El experimento consistía en mostrarles la salida a los ratones, en una caja de paredes electrizadas. El ratón comprendía que la salida no le favorecía y proseguía a la próxima pared, para de esta forma hallar la salida El experimento muestra que el ratón tanto como el humano puede ser condicionado con presión para hacer lo que solicita el demandante o bien profesor como en el experimento con alumnos


Milgram rodó una película reportaje que probaba el experimento y sus resultados, titulada "Obediencia", cuyas copias originales son bastante difíciles de hallar en nuestros días.


Antes de hacer el experimento, el equipo de Milgram estimó cuáles podían ser los resultados en función de encuestas hechas a estudiantes, adultos de clase media y sicólogos. Estimaron que el promedio de descarga se ubicaría en ciento treinta voltios con una obediencia al estudioso del 0 por ciento . Todos creyeron por unanimidad que únicamente ciertos sádicos aplicarían el voltaje máximo.


El desconcierto fue grande cuando se verificó que el sesenta y cinco por ciento de los sujetos que participaron como "maestros" en el experimento administraron el voltaje límite de cuatrocientos cincuenta a sus "pupilos", si bien a muchos el hacerlo les pusiese en una situación totalmente incómoda. Ningún partícipe paró en el nivel de trescientos voltios, límite en el que el pupilo dejaba de dar señales de vida. Otros sicólogos de todo el planeta realizaron variaciones de la prueba con resultados afines, en ocasiones con distintas alteraciones en el experimento.


En mil novecientos noventa y nueve, Thomas Blass, maestro de la universidad de Maryland, publicó un análisis de todos y cada uno de los ensayos de esta clase efectuados hasta ese momento y concluyó que el porcentaje de participantes que aplicaban voltajes notables se ubicaba entre el sesenta y uno por ciento y el sesenta y seis por ciento sin importar un mínimo el año de realización ni la ubicación de los estudios.


Lo primero que se preguntó el desconcertado equipo de Milgram fue de qué forma era posible que se hubieran logrado estos resultados. A primer aspecto, la conducta de los participantes no revelaba tal grado de sadismo, puesto que se mostraban preocupados por su conducta. Todos se mostraban inquietos y preocupados por el viso que estaba tomando la situación y, al enterarse de que realmente la cobaya humana no era más que un actor y que no le habían hecho daño, suspiraban aliviados. Por otra parte eran absolutamente siendo conscientes del dolor que habían estado produciendo, puesto que al preguntarles por cuánto sufrimiento había experimentado el pupilo la media fue de trece en una escala de catorce.


El experimento propuso preguntas sobre la moral del procedimiento científico en sí debido a la tensión sensible extrema sufrida por los participantes (si bien podría decirse que dicha tensión fue provocada por sus y libres acciones). La mayor parte de los científicos modernos considerarían el experimento el día de hoy inmoral, si bien dio sitio a valiosos estudios sobre la sicología humana.


En defensa de Milgram hay que indicar que el ochenta y cuatro por ciento de participantes afirmaron más tarde que estaban "contentos" o bien "contentísimos" de haber participado en el estudio y un quince por ciento les era indiferente (respondieron un noventa y dos por ciento de todos y cada uno de los participantes). Muchos le expresaron su gratitud más adelante y Milgram recibió en múltiples ocasiones ofrecimientos y solicitudes de ayuda de los viejos participantes.


Hay un conclusión poco conocido del experimento Milgram, reportado por Philip Zimbardo: Ninguno de los participantes que se negaron a regentar las descargas eléctricas finales pidieron que terminara el experimento (que se dejasen de efectuar ese género de sesiones) ni asistieron al otro cuarto a repasar el estado de salud de la víctima sin ya antes pedir permiso para esto.


Seis años tras el experimento (a lo largo de la Guerra de Vietnam) uno de los participantes en el experimento mandó una carta a Milgram explicándole por qué razón estaba agradecido de haber participado pese al estrés:


Sin embargo, no todos y cada uno de los participantes experimentaron este cambio en su vida. Conforme con los estándares modernos, los participantes no fueron absolutamente desesperanzados, y ciertas entrevistas de salida señalaron que muchos participantes jamás comprendieron completamente la naturaleza del experimento.


Los ensayos provocaron críticas sensibles, más sobre la moral del experimento mismo, que sobre los resultados. En la publicación Jewish Currents (Actualidades judías), Joseph Dimow, un partícipe en el experimento de mil novecientos sesenta y uno en la Universidad de Yale, escribió sobre sus sospechas tempranas de que "todo el experimento estaba desarrollado para poder ver si los estadounidenses comunes obedecerían órdenes inmorales, como muchos alemanes habrían hecho a lo largo del periodo nacionalsocialista". En verdad este era uno de los fines explícitos del experimento. Citando del prefacio del libro de Milgram, Obedience to Authority:


En 1981Tom Peters y Robert H. Waterman Jr. escribieron que el Experimento Milgram y el siguiente Experimento Zimbardo en la Universidad de Stanford eran espantosos en sus implicaciones sobre el riesgo que conminaba en el lado obscuro de la naturaleza humana.


En su libro Obedience to Authority: An Experimental View, Milgram describe diecinueve alteraciones de su experimento. Por norma general, al acrecentar la proximidad física de la víctima, reducía la obediencia del partícipe. La obediencia asimismo reducía al acrecentar la distancia física respecto de la autoridad (ensayos 1 al cuatro). Por poner un ejemplo, en el experimento dos, donde los participantes recibían instrucciones por teléfono, la obediencia redujo en un veintiuno por ciento . Es interesante que ciertos participantes trataron de mentir a la autoridad (el experimentador) fingiendo que seguían con el experimento. En la alteración donde la víctima tenía la mayor proximidad física con el partícipe, cuando los participantes debían sostener físicamente el brazo de la víctima sobre la placa que producía la descarga eléctrica, la obediencia menguó. En estas circunstancias, solo treinta por ciento de los participantes completaron el experimento.


En el experimento ocho los participantes fueron mujeres: Previamente todos y cada uno de los participantes habían sido hombres. La obediencia no varió significativamente, si bien las mujeres manifestaron haber experimentado mayores niveles de agobio.


El experimento diez se efectuó en una oficina modesta en Bridgeport, Connecticut, fingiendo que quien efectuaba el experimento era la entidad comercial "Research Associates of Bridgeport" sin conexión aparente con la Universidad de Yale (para quitar el factor de prestigio de la Universidad que influenciara el comportamiento de los participantes).En estas condiciones la obediencia cayó al cuarenta y siete con cinco por ciento .


Milgram asimismo combinó el poder de la autoridad con la conformidad. En esos ensayos los participantes fueron acompañados por uno o bien 2 "maestros" (asimismo actores, como el practicante o bien víctima). El comportamiento de los acompañantes influyó de forma esencial en los resultados. En el experimento diecisiete, cuando 2 maestros suplementarios se negaron a cumplir las órdenes, solo cuatro de los cuarenta participantes siguieron en el experimento. En el experimento dieciocho, los participantes efectuaron una labor de acompañamiento (leyeron las preguntas por un micrófono o bien registraron las contestaciones del practicante) con otro profesor, quien completaba la prueba. En esa alteración solo tres de cuarenta retaron al experimentador.


Recientes alteraciones del experimento de Milgram sugieren que la interpretación no supone obediencia ni autoridad, sino los participantes padecen una desolación aprendida, donde se sienten inútiles de supervisar el resultado, de forma que abdican a su responsabilidad personal. En un experimento reciente donde se utilizó una simulación de computadora en vez de un practicante que recibía descargas, los participantes que administraban las descargas eran siendo conscientes de que el practicante era irreal, mas incluso de esta forma los resultados fueron exactamente los mismos.


En la popular serie Basic Instincts, se repitió el experimento de Milgram en dos mil seis, con exactamente los mismos resultados con los hombres. En un segundo experimento con mujeres se mostró que eran más tendentes a seguir el experimento. Un tercer experimento, con un profesor auxiliar para producir presión, mostró que en estas condiciones los participantes proseguían con el experimento hasta el final.


De abril de mil novecientos noventa y cinco a junio de dos mil cuatro hubo una serie de engaños, conocidos como Strip Search Prank Call Estafa, en la que trabajadores de restaurants de comida veloz en USA recibían una llamada de alguien que afirmaba ser oficial de policía, quien convencía a las figuras de autoridad para desvestir y abusar sexualmente de los trabajadores. El autor consiguió un nivel alto de éxito al convencer a las víctimas a fin de que realizasen actos que no habrían efectuado en circunstancias normales. El primordial sospechoso de estas llamadas, David R. Stewart, fue encontrado no culpable en el único caso que ha ido a juicio hasta el momento.


Milgram S. The Milgram experiment (Un reportaje en inglés, producido por Milgram, que resume y explica sus ensayos).


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