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ıllı Pulsión de vida y pulsión de muerte wiki: info, libros pdf y vídeos

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salud  Pulsión de vida y pulsión de muerte 


wikiEdición en alemán de mil novecientos veintiuno de Alén del principio de placer, obra en la que Freud introdujo su nueva concepción del dualismo pulsional desde la distinción entre pulsión de vida y pulsión de muerte.

Las pulsiones de vida ?en alemán, Lebenstrieb o bien Lebenstriebe, en singular y plural, respectivamente? y su contraparte, las pulsiones de muerte ?en alemán, Todestrieb o bien Todestriebe?, son las 2 categorías de pulsiones que Sigmund Freud distinguió en su obra Alén del principio de placer (mil novecientos veinte), en el contexto de su segunda tópica. Se trata de un dualismo en el que se plantean como contrarias ?pero, por su parte, inseparablemente unidas?, por una parte, al conjunto de todas y cada una de las pulsiones que hasta ese momento había descrito Freud (pulsiones sexuales y de autoconservación o bien yoicas), abarcadas bajo el nombre de Eros (denominación opción alternativa para las pulsiones de vida), y, por otro lado, a la pulsión de muerte, definida como la tendencia de todo lo vivo al retorno a un estado inerte, inorgánico. Esta última pulsión (o bien categoría de pulsiones, si se quiere distinguir más finamente entre las pulsiones violentas y destructoras dirigidas al propio individuo y aquellas volcadas cara el exterior) no tenía cabida en su esquema precedente, de semejante suerte que fenómenos como el sadismo o bien el masoquismo se explicaban por un complejo interjuego de pulsiones positivas, como por servirnos de un ejemplo en su artículo Pulsiones y destinos de pulsión (mil novecientos quince). Al comienzo Freud usaba las expresiones “pulsión de muerte” y “pulsión de destrucción” como equivalentes intercambiables, mas, en su discusión con Einstein sobre la guerra, detalló que la primera recaía sobre uno mismo, al paso que la segunda, derivada de ella, iba dirigida cara el exterior. El término de pulsión de muerte fue originariamente propuesto por la psicoanalista rusa Sabina Spielrein en La destrucción como causa del devenir (mil novecientos doce).


Según la definición de los psicoanalistas Jean Laplanche y Jean-Bertrand Pontalis, las pulsiones de vida refieren a una:


En contraparte, Freud menciona a la pulsión de muerte (o bien pulsiones de muerte) como la tendencia inherente a todo vivo a la busca de un estado precedente a la vida. Conforme la definición de Laplanche y Pontalis:


En mil novecientos catorce, Freud publicó su ensayo Introducción del narcisismo, en el que expuso su concepción sobre la existencia de una primitiva etapa en el desarrollo libidinal del individuo (siguiente a la del autoerotismo y precedente a la del amor de objeto) en la que se tomaría al propio como objeto de amor. Sobre él se hallaría en un inicio concentrada toda la libido, antes que fuera cedida a objetos externos. Tal temprana investidura o bien catectización de uno mismo suponía un bastante difícil reto para el mantenimiento del primer dualismo pulsional ?a saber, el que contraponía pulsiones sexuales y de autoconservación? por cuanto el término de narcisismo implicaba una erotización del , en la que quedaba diluida la tensión entre esos 2 conglomerados pulsionales. Se volvió entonces precisa la introducción de un nuevo dualismo pulsional que dejara sostener el enfrentamiento entre 2 partes contrapuestas.


Al inicio de Alén del principio de placer, Freud examina la experiencia del trauma sicológico, particularmente el experimentado por los soldados a consecuencia de su participación en la Primera Guerra Mundial. No obstante, su aporte más notable en esa obra no es la descripción del fenómeno clínico, sino más bien el descubrimiento de una curiosa regularidad en lo que se refiere a las experiencias desagradables: las personas tendían, de una o bien otra manera, a repetirlas o bien recrearlas, tendencia que claramente violaba el principio de placer. El creador halla manifestaciones de esta compulsión de reiteración (correlato clínico de la pulsión de muerte) no solo en los sueños traumáticos de los perjudicados por neurosis de guerra, sino más bien asimismo en las circunstancias más ordinarias: tal es el caso de determinados juegos infantiles, como aquellos en los que un pequeño lanza objetos lejos de sí para recrear las rutinarias ausencias de su madre o bien esos otros en los semeja derivar placer de que un adulto esconda su semblante para entonces develarlo de nuevo frente a él. Freud plantea la hipótesis de que semejante reiteración perseguiría el propósito de dominar, al cabo de cierto tiempo, las experiencias traumáticas. Una pulsión de muerte se opondría, puesto que, a la preocupación por la pura ganancia de placer y empujaría a los organismos a emprender, mediante rodeos más largos o bien más cortos, un retorno a un estado inanimado y también inorgánico.


En Esquema del psicoanálisis (mil novecientos cuarenta , Freud distingue 2 géneros de pulsiones esenciales (Eros y pulsión de destrucción) y sitúa en la primera “la oposición entre pulsión de conservación de sí y de conservación de la especie”, esto es, la que media entre la pulsión de autoconservación y la pulsión sexual, “así como la otra entre amor yoico y amor de objeto”, la que stricto sensu no consiste en una oposición —sino, en cualquier caso, en una especie de complementariedad— puesto que el propio Freud establece en Introducción del narcisismo que narcisismo y amor objetal se alimentan de exactamente las mismas fuentes y cuanto más se enriquece uno más se depaupera el otro. Al tiempo que Eros pelearía por formar unidades de creciente dificultad (ligazón), su contraparte tendría por objeto la disolución de semejantes vínculos y hallaría su fin último en la labor de “trasportar lo vivo al estado inorgánico” —razón por la que asimismo es famosa como pulsión de muerte—, de semejante suerte que esta se acomodaría con perfección a la caracterización de las pulsiones como conservadoras, a la que Eros parecería contraponerse. Los 2 géneros de pulsiones se opondrían y combinarían entre sí para dar origen a las más distintas manifestaciones de la vida, no siendo inocuo el peso relativo de unas y otras en la mezcla de ellas resultante: para Freud, como un amante bien podría transformarse en asesino con estupro a consecuencia de un aumento en la agresión sexual, un esencial debilitamiento de esta lo sumiría en la impotencia.


Originariamente la totalidad de la energía psíquica erótica o bien libido se hallaría concentrada en un -ello que no habría alcanzado todavía la distinción interna y allá serviría al propósito de sofrenar el anhelo autodestructivo. El creador apunta que no se dispone de un término equiparable al de “libido” para llamar la energía de la pulsión destructora, aunque, para cuando el Esquema fue escrito, el psicoanalista austro-estadounidense Paul Federn y el italiano Edoardo Weiss ya habían propuesto, respectivamente, las denominaciones de mortido y destrudo para hacer referencia a tal término.Las exteriorizaciones de la pulsión de destrucción no son demasiado manifiestas cuando esta, en calidad de pulsión de muerte, no se desprende del individuo y, en cambio, se vuelve evidente solamente cuando es dirigida cara afuera, labor ejecutada a través del sistema muscular y considerada precisa por el creador a los fines de la autoconservación. Esenciales sumas de agresividad encuentran otro empleo cuando, desde la instauración de la instancia superyoica, continúan adheridas al propio , donde sacan a resplandecer su virtualidades autodestructivas, hasta el punto de que resultaría insalubre o bien patógeno la retención de la agresión puesto que la pulsión destructora obstruida ejercitaría entonces sus efectos desde el mecanismo de vuelta cara la persona propia.


Ernest Jones asevera que Freud jamás usó, salvo oralmente, el término Tánatos, que entonces se volvió tan popular. Wilhelm Stekel había empleado la palabra Tánatos en mil novecientos nueve para referirse a un deseo de muerte, mas fue Paul Federn quien la introdujo en el presente contexto. En Esquema del psicoanálisis, Freud apunta que no se dispone de un término equiparable al de “libido” para llamar la energía de la pulsión destructora, aunque, para cuando ese ensayo fue escrito, Paul Federn y Edoardo Weiss ya habían propuesto, respectivamente, las denominaciones de mortido y destrudo para hacer referencia a tal término. mediados del siglo veinte, pensadores como Karen Horney y Erich Fromm negaron la existencia de un Tánatos o bien una pulsión de muerte innatos y sugirieron que serían las situaciones desfavorables propias de la sociedad las que harían surgir en todos y cada sujeto tal pulsión negativa contra sí mismo./P>


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