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Características generales

Trastorno narcisista de la personalidad

Según Antonio Chacón Medina, autor de "Una nueva cara de Internet: El acoso", <persona>>.


El sentimiento de inferioridad opera en forma de culpabilidad, que el hostigador siente por no tener atributos que estima ideales. Los defectos físicos, intelectuales o bien sensibles producen un sentimiento de inferioridad que la persona procura compensar superando esas faltas a través de el desarrollo de un complejo de superioridad. El complejo de superioridad hace que el hostigador viva en la ficción de la posesión de valores, atributos y cualidades que realmente no tiene, negándolos en el resto de forma protectora.Cuando brota en su ambiente una persona (la víctima) que sí tiene de verdad semejantes peculiaridades, ello supone para el hostigador un auténtico choque con la realidad. Su reacción ante esa dolorosa realidad acostumbra a consistir en negar, eliminándola, la fuente de la discordancia, desarrollando el psicoterror contra la víctima. El propósito es hacer desaparecer a la víctima del horizonte sicológico del hostigador pues sus capacidades suponen para este una desestabilización sicológica.


Carencia de principios

Perverso narcisista

Según Iñaki Piñuel y Zabala, los hostigadores son "personas que tienen una profunda perturbación de la personalidad. Son sujetos que carecen de regla ética interna; que no vacilan en quitar a un posible contendiente. El hostigador asimismo puede ser un individuo narcisista, con un profundo complejo de inferioridad; mas que, ante el resto, siempre y en todo momento dice lo mucho que vale. Estos sujetos tienden a rodearse de personas mediocres o bien sumisas que confirman esta idea que tienen de sí. Realmente, acostumbran a ser personas poco brillantes; mas muy hábiles en la manipulación de los otros, tanto para lograr su cooperación anónima y sigilosa, para maltratar. Son especialistas en debilidades humanas. Son genuinos psicópatas; carecen de capacidad para ponerse en el sitio de los otros. Su psique, además de esto, marcha del revés. Las lágrimas generan compasión; en ellos no. Los signos de debilidad son un detonante que acentúa su comportamiento violento. Estos sicópatas procuran vejar, cancelar, y aniquilar a su víctima. Para conseguirlo, no vacilan en atacar verbal o bien físicamente y también inventarse todo género de cotilleos y calumnias. De este modo manipula a el resto y favorece su ajusticiamiento público. El acoso laboral es causa, en Europa, de uno de cada 5 suicidios".


Según Rodríguez López en su libro "El Acoso ética en el trabajo" define a estas personas como " resentidas, frustradas, envidiosas, recelosas o bien ególatras, teniendo uno, o bien múltiples o bien todos estos rasgos en mayor o bien en menor medida. Están necesitadas de admiración, reconocimiento y estrellato y lo que desean es figurar, ascender o bien aparentar, incluso cuando sencillamente deseen hacer daño o bien cancelar a otra persona".


Carencia de empatía

Psicópata

El hostigador sicológico, en contraste a otro hostigador como puede ser sexual sostiene hasta el último instante (la sentencia condenatoria) e inclusive después, la convicción interna de no haber hecho nada malo. Como en el abuso sexual, el sujeto activo que es demandado o bien denunciado, acostumbra a interiorizar a la llegada a los tribunales que algo ha hecho (...bueno, es verdad que ese día me pasé un tanto...), si bien a continuación intente desdramatizar su comportamiento con oraciones como "... mas no hay que tener una psique angosta" o bien "estamos en una sociedad liberalizada" o bien otras afines.


El hostigador sicológico carece de las habilidades sensibles que sus víctimas tienen, considera que al destruir a su víctima puede digerir de alguna manera sus competencias interpersonales.


Marie-France Hirigoyen, en su obra "El acoso ética", da una serie de peculiaridades propias de las personalidades narcisistas que pueden asistir a advertir un perseguidor o bien hostigador en el sitio de trabajo:



  • El sujeto tiene una idea magnífica de su relevancia.
  • Le absorben fantasías ilimitadas de éxito y de poder.
  • Se considera singular y único.
  • Tiene una necesidad excesiva de ser admirado.
  • Piensa que la víctima se le debe todo.
  • Explota al otro en sus relaciones interpersonales.
  • Inmadurez sensible.
  • Carece de empatía (no se siente culpable) si bien pueden ser realmente refulgentes socialmente.
  • Puede fingir que comprende los sentimientos del resto.
  • Tiene actitudes y comportamientos insolentes.
  • Se siente inhibido con respecto a la víctima.

Según María José Edreira, en la "Fenomenología del acoso ética", la mayor parte de los especialistas en personalidad charlan de personalidad psicopática o bien antisocial (Adams y Crawford), personalidad narcisista (Hirigoyen, Wyatt y Hare), mediocridad ineficaz activa (González de Rivera), sicópata organizacional (Iñaki Piñuel y Zabala). Se habla de rasgos paranoides, realmente el malvado narcisista se acerca mucho al obseso, son familiares próximos y se llevan bien, mas tiene solo una parte de sus peculiaridades de personalidad.Su perfil sicológico tiene las próximas características:



  • Falta de empatía: son inútiles de ponerse en el sitio del otro, se centran en sí mas procuran el apoyo de el resto. Son indiferentes, inútiles de deprimirse y de probar genuinos sentimientos de duelo o bien tristeza.En sus relaciones interpersonales ven al otro como a una amenaza, les falta humildad para lucrarse y aprender del resto. Viven atemorizados por las capacidades de las personas que los rodean.
  • Irresponsables y carentes de sentimiento de culpa: tienen contrariedades para tomar resoluciones en su vida diaria y precisan que otras personas acepten esa responsabilidad. Se defienden a través de mecanismos de proyección y de negación de la realidad, le adjudican la culpa al otro. Es siendo consciente de que no tiene sentimientos y los simula para disfrazarse ante el resto. No tiene sentimiento de culpa mas es un profesor manipulando este sentimiento en el resto.
  • Mentira apremiante y sistemática: en su máxima competencia. Acostumbran a llevar una doble vida y rehacen su vida privada con sencillez por el hecho de que se hacen pasar por víctimas. Fingen la apropiación de las peculiaridades que les franquean la confianza del resto tanto en su vida privada, como en la profesional y social. Son farsantes que fingen para dar imagen de buena persona. Se aprecia con claridad que engañan, mas sus patrañas son tan grandes y tan atrevidas públicamente que las víctimas se acostumbran a quedar soprendidas, paralizadas y también inútiles de contestar.
  • Megalomanía y alegato mesiánico: se ponen en situación de referencia del bien y del mal, tienen alegato moralizante, exhiben valores morales impecables, se presentan como personas religiosas o bien civiles. Logran de esta manera dar una buena imagen de sí, al unísono que denuncian la perversión humana. Acostumbran a tener habilidad oratoria mas su alegato es muy abstracto, no son capaces de ser específicos y cuando lo procuran pasan al extremo de los detalles insignificantes.
  • Encanto personal: entran con relación a el resto para cautivarlos. Se les acostumbra a describir como cautivadores, de ahí la reacción de sorprendo de su ambiente cuando son descubiertos en su crimen. Esta capacidad de seducción está muy relacionada con su forma de engañar, acostumbran a emplear las historias de otros en las que se ponen a sí mismos como protagonistas sin la menor vergüenza.
  • Vampirismo y modo de vida parasitario: siente una envidia intensísima cara los que semejan tener cosas que no tienen, sobre todo cara los que disfrutan de la vida. Son muy fatalistas y la vitalidad del resto le apunta sus faltas. Para aseverarse debe destruir. Compensa su déficit de autoestima con el rebajamiento de sus víctimas y la ensaltación de sus supuestas cualidades. En la vida privada sus parejas acostumbran a ser realmente optimistas y se casan con personas de las que puedan vivir. Procuran siempre y en todo momento buscar un alto estatus social si bien no lo logren. Cuando charlan de forma frecuente se refieren a personas de alto rango social con las que tienen relaciones, prácticamente siempre y en todo momento estas personas solo existen en su imaginación. En el trabajo logran que el resto les hagan el trabajo. Son inútiles de efectuar labores que otros harían sin la menor complejidad.
  • Paranoia: el malvado narcisista toma el poder a través de seducción, el paranoide por la fuerza. Los malvados narcisistas recurren por fuerza física solo cuando la seducción deja de ser eficiente. La fase de violencia física del proceso de acoso ética es en sí un desequilibrio paranoide. Cuando atacan los malvados pretenden resguardarse, atacan ya antes de ser atacados. Asimismo tiene el género de mecanismo proyectivo propio del paranoico: se ubica y se hace percibir por el resto como víctima de las personas a las que agrede, que aparentemente le han traicionado.
  • Manipulación premeditada: no manipula de forma azarosa como haría un sicópata delincuente. El sicópata organizacional tiene un propósito meditado y deliberado: el poder. La táctica del sicópata acostumbra a continuar siempre y en toda circunstancia exactamente el mismo patrón: fase de estudio y evaluación, fase de manipulación y fase de confrontación.

Los sentimientos de inadecuación son los que llevan al hostigador a suprimir de su ambiente lo que considera una amenaza, la víctima. Los especialistas acostumbran a charlar de los “cadáveres en el armario” del hostigador ética, acostumbran a tener un pasado “criminal” en el que han eliminado a consecutivas víctimas tanto en el trabajo como en la pareja. La experiencia que adquiere en sus años de acoso le hace mejorar su técnica hasta transformarlo en un profesor de la inducción al suicidio. Se les considera asesinos psíquicos en serie. El hostigador ética es un fallecido en vida que precisa la imagen de buena persona que el resto tienen de él para subsistir, en su obsesión por sostener esta imagen se disfraza, se lava las manos, evita manchar sus manos de sangre y echa su responsabilidad a otros.


Los hostigadores proceden de cualquier capa de la sociedad, conforme los especialistas, mas todos tienen una serie de rasgos en común. Todos han sido educados con valores como la sumisión y la prepotencia, y no en la igualdad, y están habituados a avasallar, entre otros muchos aspectos.


Los hostigadores están motivados por un deseo de control sobre las acciones y sentimientos de sus victimas, y por un deseo de sostener algún género de conexión con ellas por medio de la manipulación y control - sin tomar en consideración los deseos de la víctima. Con mucha frecuencia, los hostigadores conminan y incordian con un comportamiento hostil y violento que puede llegar a la violencia.


El ciberacosador


En el caso del ciberacosador, este se siente en una situación de poder desde el aparente anonimato que se percibe mientras que se está “en línea”. A lo largo de todo ese tiempo va compendiando toda la información posible sobre su víctima, esencialmente en aquellos aspectos que son parte de su vida privada y de sus movimientos en la Red.Una vez lograda dicha información, es cuando el hostigador empieza su proceso de acoso. No obstante, si el hostigador es verdaderamente una persona degenerada y/o enferma y, si la información lograda hasta ese instante es suficiente, empezará el asedio a través de los diferentes medios que tenga a su alcance.Su motivación para el acoso siempre y en toda circunstancia vira en torno al abuso sexual, la obsesión cariñosa, el odio, la envidia, la venganza o bien la incapacidad de admitir un rechazo.


En el caso de ciberacoso, se agrega la característica de cobarde, en tanto que se oculta tras el aparente anonimato y falsificación de identidad que da internet.


El hostigador laboral


El fin último del hostigador es el homicidio sicológico de la víctima, y el motivo primordial encubrir la propia mediocridad, todo ello debido al temor y la falta de seguridad que experimentan los hostigadores cara sus carreras. De esta forma se puede desviar la atención o bien deformar las situaciones de peligro para ellos, haciendo de las víctimas verdaderos chivos expiatorios de las organizaciones. La pura presencia de la víctima en el sitio de trabajo desencadena, debido a sus peculiaridades diferenciales, una serie de reacciones inconscientes, ocasionadas por los inconvenientes sicológicos anteriores que presentan los hostigadores. En otras ocasiones, el miedo procede de la amenaza que supone para estos el conocimiento por la parte de la víctima de situaciones irregulares, ilegales o bien de fraudes.


Los agentes tóxicos del acoso son en la mayor parte de los casos los superiores o bien jefes, apoyados con frecuencia por esbirros o bien sicarios. Asimismo existen muchos hostigadores entre los propios compañeros de la víctima, y se estima que, en un cuatro por ciento de casos, el acoso laboral es de tipo ascendiente, o sea, del subordinado al superior.


Es usual la actuación de los hostigadores en conjuntos o bien bandas de acoso, y los actos de hostigamiento acostumbran a ser, como se ha visto, chillidos, insultos, reprimendas incesantes, vejaciones, falsas acusaciones, obstaculizaciones, bromitas, cotilleos aviesos (chismes), motes... Todo lo que puede desembocar en el genuino ajusticiamiento sicológico de la víctima, que si es practicado entre todos y cada uno de los trabajadores es realmente difícil de probar, con lo que el homicidio sicológico va a haber resultado perfecto.


La exposición a estas conductas de hostigamiento reales y observables no es algo casual sino más bien absolutamente causal o bien intencional pues quien hostiga procura, con mayor o bien menor consciencia de ello, un daño o bien perjuicio para quien resulta ser el blanco de esos ataques, muy singularmente el amilanamiento y la quiebra de su resistencia sicológica en un medio plazo. Todo proceso de acoso sicológico en el trabajo tiene como propósito atemorizar, reducir, aplanar, apocar, atemorizar y consumir sensible y también intelectualmente a la víctima, con vistas a cancelarla, someterla o bien quitarla de la organización, que es el medio a través del que el hostigador encauza y satisface una serie de impulsos y tendencias psicopáticas.


Los trabajadores con algún género de diversidad funcional (trátese de autismo, síndrome de Down, oligofrenia, síndrome de Asperger, etcétera) son los más tendentes a padecer acoso laboral debido a sus peculiaridades.


No es inusual hallar (si bien no es siempre y en toda circunstancia el caso) que esa necesidad voraz de atacar, supervisar y destruir que acostumbran a presentar los hostigadores, procede de una serie de tendencias psicopatológicas o bien de personalidades mórbidas o bien premórbidas. Estas sicopatías corresponden a autopromotores anormales, astutos, narcisistas o bien paranoides, que aprovechan la situación que les ofrecen los ambientes aproximadamente turbulentos o bien desrregulados de las modernas organizaciones para ensañarse sobre sus vícimas. O bien sencillamente por envidia, puesto que pueden tener empleados que pueden rendir más que y esto les hiere su ego.


Con todo, los atacantes abusan y se prevalen corrientemente de su situación de poder jerárquico formal, mas de la misma manera recurren a su poder de tipo informal (los poderes fácticos) en la organización para solucionar sus frustraciones por medio de la violencia sicológica sobre otros, compensar sus complejos o bien dar brida suelta a sus tendencias más violentas y antisociales.


El hostigador escolar


Aunque el hostigador escolar no tiene por qué razón sufrir ninguna enfermedad mental o bien trastorno de la personalidad grave, presenta por norma general algún género de psicopatología. Esencialmente, presenta ausencia de empatía y algún género de distorsión cognitiva. Se le conoce generalmente como "abusón", "abusica", "matón escolar", "fanfarrón", "bully", etc.


La falta de empatía explica su incapacidad para ponerse en el sitio del acosado y ser indiferente al sufrimiento de este.


La presencia de distorsiones cognitivas deben ver con el hecho de que su interpretación de la realidad acostumbra a evitar la patentiza de los hechos y acostumbra a comportar una delegación de responsabilidades en otras personas. De esta manera, generalmente responsabiliza de su acción hostigadora a la víctima, que le habría molestado o bien desafiado anteriormente, con lo que no refleja ningún género de remordimiento respecto de su conducta (los datos señalan que, más o menos, un setenta por ciento de los hostigadores responden a este perfil).


La sicología actual, por otro lado, identifica en los hostigadores escolares la existencia probable de una educación familiar permisiva que les puede haber llevado a no interiorizar suficientemente bien el principio de realidad: los derechos de uno deben armonizarse con los del resto. La consecuencia es la complejidad para ponerse en el sitio del otro por una falta de altruismo vinculada a un ego que medra a costa del resto, puros instrumentos a su servicio, y que tiene un umbral de frustración bajísimo. Ciertos autores llaman a este género de pequeño como pequeño déspota.


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